La respuesta de Miguel la deja momentáneamente sin palabras; el tono grave de su voz la hace estremecer por dentro. Sasha siente el calor subir a su rostro al recordar la ocasión en que él la inmovilizó bajo su cuerpo fuerte. La ira crece dentro de ella, pero antes de poder contenerla, las palabras salen de su boca con vehemencia:
— Yo nunca... — Las palabras emergen entre dientes apretados, la furia evidente en cada sílaba. — ¡Nunca te suplicaré, monstruo!
Miguel finalmente levanta la mira