— ¡Suéltala ahora! — ruge Miguel, su respiración pesada y ronca, sus ojos clavados en Sasha, pero el hedor de la magia negra y la presencia de los lobos solitarios le impiden actuar con imprudencia. Siente cada fibra de su cuerpo gritar por la lucha; su hembra está atrapada y vulnerable, y no puede permitir que el ritual continúe. Necesita sacarla de allí.
Melody no reacciona, sigue concentrada en el libro que sostiene Luna Cimex Mara, recitando cada palabra con precisión y frialdad. Su postura