Miguel cierra los puños, su respiración pesada y cargada de ansiedad. Cada músculo de su cuerpo está tenso, y el peso de la responsabilidad lo sofoca. El momento exige prisa, pero el hechizo para localizar a su compañera tardó más de lo que esperaba, dejándolo aún más impaciente. Cada segundo lo arrastra hacia un abismo de tensión creciente.
— Muy bien, acérquense — dice Alys con firmeza, extendiendo sus manos hacia sus hermanas. El brillo decidido en sus ojos oculta la ansiedad que siente, p