— ¡No es mentira! — gritó la madre de Lukan, sus ojos ardiendo con las lágrimas que contenía mientras intentaba salvar lo poco que quedaba. — ¡Yo lo hechicé! Soy la única culpable. Lo codicié y planeé todo para que fuera exiliado. Así, no tendría a dónde ir excepto quedarse conmigo.
Lukan sintió un dolor profundo en el pecho al escuchar las palabras de su madre. Sabía que estaba mintiendo, porque él y sus hermanos más que nadie conocían el infierno que ella había vivido. Ella tenía planes de hu