— ¡No lo toques! — gritó la madre, intentando soltarse del agarre de su marido. — ¡Es solo un niño!
El padre ignoró su súplica y avanzó. Pero, antes de que pudiera alcanzar a Lukan, algo inesperado sucedió. El niño, consumido por la furia, gruñó tan fuerte que incluso el alfa dudó por un instante. Los ojos de Lukan brillaban con una determinación feroz, y se lanzó contra su padre con un coraje que no coincidía con su tamaño.
El impacto fue pequeño, pero sorprendente. Lukan agarró el brazo d