Mundo ficciónIniciar sesión— ¡Ella es mi esposa! — exclamó Pedro, sin dejarse intimidar.
El omega se rió, el sonido grave y perverso resonando por la habitación. Agarró a Pedro, quien, a pesar de forcejear y tratar de usar los golpes que aprendió en sus clases, no pudo soltarse. Entonces, el lycan lo arrastró hasta una silla.
Con movimientos precisos y fríos, ató a Pedro con correas de cuero que encontró por allí, apre







