Apoyando una mano en la cama, Miguel se levanta, su oído captando la débil respiración de Sasha. A diferencia de él, cuya herida en el cuello ya ha cicatrizado, ella sigue sangrando. La sangre fluye lentamente, formando un charco bajo su cabeza.
— Al menos sobreviviste — murmura, casi complacido al escuchar los latidos de su corazón. Ahora sí, ahora podrá llevar a cabo todo lo que ha planeado para ella, su pequeña y frágil humana.
Vivo y libre, aunque su lobo gruñe dentro de él por el vacío