Kesha se despide con un gesto tranquilo, sus pasos ligeros resonando en el pasillo mientras se dirige hacia su propia guarida. Sasha, por su parte, respira hondo y continúa empujando el carrito hacia la lavandería de la mansión.
La sensación de incomodidad, poco a poco, comienza a disiparse, y se permite relajarse, empezando a tararear suavemente. La melodía acompaña el rechinar de las ruedas del carrito sobre el suelo.
Absorbida por la música en su cabeza, Sasha no nota el charco de agua frent