Sasha empuja el carrito con la ropa sucia por el pasillo, el chirrido de las ruedas resonando en el suelo. La tarea repetitiva de ir de habitación en habitación para recoger las prendas amontonadas la mantiene ocupada. Sus manos se mueven de manera mecánica, doblando y apilando los tejidos, pero a cada rato tiene que reprimirse para evitar que su mente se pierda en los recuerdos recientes de su primera vez.
Al llegar a la última habitación, Sasha coloca la pila final de ropa en el carrito y sus