Capítulo 34.

En ese momento de silencio absoluto de parte de Oleika, Clara aprovechó para hacer acto de presencia.

— Alfa —dijo con un tono sutil cargado de una preocupación visible— no sé cómo manejas esto aquí en la manada, pero te pido por favor que no castigues a esta pequeña ingrata, después de todo, suficiente tiene por no poder ser capaz de mantenerse en libertad por sí misma.

Oleika se giró a ver a la princesa, ¿qué estaba tratando de hacer? Ayudarla, ofenderla, sembrar ideas e el Alfa líder ¿o toda
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