Capítulo 32.
El siguiente movimiento del hombre fue impredecible para Oleika, el extendió sus manos de forma contundente tomándola de los hombros para meterla en la cabaña arrojándola directamente a la cama.
Oleika cayó sorprendida dejando salir un jadeo ante la impresión.
“Espero que esto no sea algo peor que los escorpiones de fuego” pensó en un momento desesperado.
La puerta volvió a cerrarse con un estruendo y ese enorme hombre deforme, comenzó a caminar de forma amenazante con un aura poderosa envolvié