Capítulo 117.
El tiempo parecía haberse congelado pero lo que estaba caliente… Demasiado caliente eran los cuerpos de ambos.
Los labios de Malcolm se acercaron posesivos a los de ella y comenzaron a rosar y succionar con tanta dedicación que Oleika sentía que no podía respirar, el se quedaba con cada gota de su oxígeno.
— Malcolm-…— Jadeó ella en medio de una inconciencia maravillosa, como si estuviera flotando y sus sentidos se hubieran despertado.
— No te vayas solecito— Le dijo en medio de los besos apasio