―¡La dejaron escapar! ―Gritó el hombre al mando. ―¿Solo por diversión y confiarse de que lo tenían todo resuelto? ―Negó furioso. ―El líder está furioso, ¡Esos maldit0s lobos vinieron a nuestro mundo dispuestos a todo! ―Rabió con más ganas. ―¡Son una orda de imbéciles que no pueden hacer más que estupideces y poner a nuestro líder en unas situaciones lamentables!
―Fue culpa de Gary que la perr4 se nos escapara. ―Ellos no vieron más solución que echarse la culpa unos a los otros.
―Tú fuiste el ma