Otro vaso cargado de coñac estalla contra la pared, es el cuarto que se rompe en menos de diez minutos por culpa de unos trabajadores de mierda.
Mi ropa es un desastre igual o peor que mi mente, mis pensamientos difusos no me permiten recordar al cien porciento el rostro de esa hermosa y sexi amazona que follé anoche en uno de mis hoteles. Sigo igual a como desperté, la única diferencia es la camisa negra que ya tiene la mitad de los botones, la que usé en la fiesta ella me la robó.
Me enfada