Bastian
Estar bajo el mismo techo que el gusano de Roan me pareció nauseabundo, pero tuve que disimular mi disgusto por Donai. No quería sumarle más problemas al pobre, mucho menos dentro de su manada.
Tamborileé mis dedos en la mesa redonda donde estábamos sentados: Donai, él y yo, mientras nuestros hombres se mantenían de pie, alertas y a la espera de una orden de nuestra parte, o simplemente un movimiento amenazante que los obligara a actuar.
Por mi parte, sentía una mezcla de emociones que