Ariana abrió los ojos lentamente, y por un momento, creyó estar atrapada en una pesadilla de la que no lograba despertar.
Estaba vacía, perdida en su propio cuerpo, incapaz de encontrar el camino de regreso a la realidad.
Miró a su alrededor, su visión borrosa comenzó a despejarse y el dolor la golpeó como una ola.
La habitación estaba en silencio, demasiado en silencio, pero no era ese el tipo de paz que buscaba.
Sergio aún no había regresado. Sus dedos temblorosos se extendieron hacia su lado