El corazón me latía a mil desde que iba de copiloto en la camioneta, las niñas se durmieron al igual que Eduardo, les puse su manta de princesas, quien iba despierto y mirando todo era Emmanuel, pareciera estar grabándose el lugar. Todo esto era nuevo en su mundo. Si había viajado a las fincas con sus abuelos en Melgar, había disfrutado de la piscina, la primera vez casi no lo saco de ella.
Julián y Samuel le estuvieron enseñando todos los días y practicaba hasta tarde. José Eduardo no dejaba d