Ese recuerdo llegó en el momento oportuno, tenía que hacer algo para calmar mi desespero cuando llegue. Me senté en la banca que le había regalado y puesto como eje central al lado del árbol que para mí era una conexión directa con Dios. Luego el padre adoptó este lugar como su espacio sagrado, donde se toma su tinto dignamente. Empecé a orar, lo necesitaba demasiado.
«Dios, nunca he sido digna, pero me aferro a tu palabra. Hoy me arrepiento más que todos los días por no hacerle caso a esa fras