La reunión terminó, Lebrant no podía estarse quieto, su instinto asesino estaba fluyendo por sus venas, no quería cometer un error como en el pasado, así que se acercó a Santoro.
— ¿Necesitas con vida a tu amigo?
— ¿Qué?
— Lo que escuchaste – lo miró. – Respeto lo que haces, pero no soportare aquí viéndolo a él, ¿lo necesitas con vida?
Enzo sonrió, a decir verdad lo necesitaba con vida, pero su curiosidad era más grande y quería saber cómo actuaría el sanguinario hombre que él conoció.
— ¿Qué