-Aidan- escuchó su nombre en cabeza.
El lobo cerró sus ojos y se encontró apartando todo a un lado y solo concentrándose en esa voz.
-Dime madre- tanto su cuerpo como el de su madre se proyectó uno frente a otro.
-¿Estás seguro de lo que vas a hacer?- la voz de Lukyan era preocupada aun con su porte firme de siempre.
El lobo menor asintió con la cabeza.
-No puedo dejar a Lucian solo- se pasó la mano por la nuca- Es mi compañero.
Lukyan lo comprendía.
-En eso eres igual a mí, hijo- sonrió de lad