Lucian rápidamente lo estabilizó agarrándolo por detrás mientras Victore le aguantó el cabello mientras Aidan se estremecía con las arcadas y jadeando hasta que volvió a vomitar, hasta que solo soltó bilis. Su rostro estaba cubierto de lágrimas y su garganta ardía. Su piel erizada y temblaba en los brazos del alfa.
Recordar una y otra vez aquello que lo había tocado le revolvía el estómago y eso había sido más impresionante que quedarse atrapado dentro de la mente de alguien. Su cuerpo estaba r