KILLIAN
Por la mañana seguimos desnudos, su piel caliente está pegada a la mía y me quedaría toda la mañana sintiendo sus tetas apretadas contra mi pecho. Cojo las almohadas del suelo y las coloco para dejar a Dana bien tumbada.
—¿Por qué no te quedas un rato más? —pregunta adormilada.
Me inclino sobre ella para besarle la espalda.
—Tengo que hacer una llamada. Ahora vuelvo.
Tardo tres intentos en que me lo coja, pero lo hace.
—¿Qué? —me brama.
—Deja la resaca y ponte a trabajar en lo que acord