POV ANDREA
El señor del taxi solo avanzó, no esperó siquiera a que le dijera a donde llevarme. Así estuvo por aproximadamente diez minutos, hasta que volví del letargo en el que me encontraba, estaba llorando a mares.
—¿Hay algún lugar al que la pueda llevar? —me dijo en perfecto español, con ese bonito acento del lugar.
Era un hombre de aproximadamente cincuenta años, tal vez un poco más, llenito, cara redonda, no me había dado cuenta lo que habíamos avanzado, ni tampoco tenía idea hacia dónde