Se aparta de mis labios y me mira con fijeza mientras respira con dificultad, con los ojos oscuros cargados de ansias y lujuria.
—Espero que hayas usado condón con la rubia que se ha ido.
—¿Celosa? —se inclina y me besa, me acaricia suavemente la lengua con la suya, mueve las caderas y hace que me tense para aliviar el ardor que siento entre las piernas—. Te encanta jugar con fuego, no soy nadie para negarlo—estamos cara a cara, declaró con un golpe de cadera.
Le rodeó los hombros con los brazo