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—Mi hijo… —doy un fuerte suspiro.
—Voy a hacer un par de llamadas.
—Perfecto —le advierto.
Llevo mi mano hacia mi boca, reprimo la risa que Ponky provoca, ¿cómo se le ocurre hablar de mujeres? Automáticamente, mi sonrisa se borra al ver a mi hijo.
—Lo dejo muchacho, tengo que ver a mi paciente y no me iré hasta que la demos de alta y eso sería en cuatro días, me quedaré con su caso porque ustedes son especiales y no me gustaría una demanda de esa señora —su mirada se clava con la de nosotro