Xana miraba por encima de su hombro con cada paso que daba White debajo de ella. Habían salido a mitad de la noche para llegar al amanecer y todavía el llanto de sus hijos resonaba en su cabeza.
-¿Estás seguro que ellos se van a quedar bien?- preguntó ella apretando sus manos sobre el espeso pelaje del lobo.
White bufó.
-Van a estar bien. Solo llorarán un par de horas y después harán un desastre aprovechado que no estaremos. Darán un buen dolor de cabeza, aunque saben que no deben excederse. Al