Elena se mantenía a una distancia prudencial, con los brazos cruzados, observando a Diego mientras este era rodeado por los niños. Se quedó atónita. El hombre que solía ser rígido, frío y de pocas palabras estaba ahora de rodillas, jugando con los pequeños. Diego permitía que dos de ellos treparan por su espalda mientras sus grandes manos reparaban con paciencia el juguete roto de una niña.
Elena esbozó una pequeña sonrisa. Acababa de descubrir que Diego podía ser sumamente cálido con los niñ