Elena inhaló profundamente, esforzándose por mantener su expresión impasible. No pensaba darle a Isabella el gusto de ver su agitación.
—¿Es que no tienes nada mejor que hacer que meterte en mi vida privada? —respondió Elena con frialdad—. Pensaba que una mujer con tanta “clase” no necesitaba rebajarse a los asuntos ajenos.
Isabella se quedó de piedra; no esperaba que Elena le respondiera con tal audacia. Sin embargo, la madre de Diego intervino de inmediato con tono punzante: —Cuida tu leng