Leonard dio unos pasos lentos, sintiendo cómo cada músculo de su cuerpo se tensaba. Aquel apartamento no tenía nada de ordinario: las paredes blancas y minimalistas se mezclaban con columnas talladas en un estilo que le recordaba los palacios de Theros; lámparas de cristal colgaban como las de los salones del reino, y alfombras bordadas con símbolos arcanos cubrían el suelo. Era como si alguien hubiera arrancado fragmentos de su mundo y los hubiese incrustado en el presente.
Pero no fue eso lo