La sala de los mil vitrales, usada solo en ocasiones extraordinarias, fue preparada con un ceremonial discreto. Los consejeros llegaron en silencio, sin saber aún cuál sería el motivo oficial de la reunión, aunque muchos intuían que algo estaba por estallar.
Leonard ordenó que no se distribuyeran panfletos ni comunicados previos. La sorpresa era su arma más poderosa esa mañana. Violeta, de pie a su lado, vestía de gris oscuro: ni joyas, ni adornos. Solo la mirada de quien estaba lista para cort