—No voy a ir a ningún lado contigo —respondió con firmeza, girándose para irse.
—No te lo estoy pidiendo.
Ella se detuvo en seco.
—Te lo estoy diciendo —continuó Alexander con calma—. Así que vístete… o tendré que bañarte y vestirte yo mismo.
Pasó junto a ella como si nada y tomó una toalla antes de dirigirse al baño.
En cuanto cerró la puerta, apoyó una mano en el pecho y soltó una larga exhalación.
—Alexander… ¿qué te pasa? —se preguntó a sí mismo.
Se llevó una mano a la mejilla, negan