Alexander se metió la mano en el bolsillo.
—Voy a salir a cenar.
El rostro de Camila se ensombreció.
—Con Renata, supongo.
Miró su teléfono.
—Será mejor que les dé a los dos su privacidad.
Alexander frunció el ceño.
—Esta vez voy solo.
Camila se sorprendió.
—¿Quieres acompañarme?
Ella dudó un momento antes de ponerse de pie.
—Bueno, tomar un poco de aire estaría bien. Vamos.
Caminó delante de él, pero Alexander la tomó del brazo y la detuvo.
—¿Qué?
Él la examinó de pies a cabeza.