62.
MEGAN
El rugido constante de los motores del jet termina convirtiéndose en un ruido de fondo. Afuera, las Bahamas quedan cada vez más lejos, reducidas a un conjunto de pequeñas manchas verdes rodeadas por un océano de un azul imposible. Me quedo observando por la ventanilla durante varios minutos, preguntándome en qué momento aquel lugar dejó de ser el escenario de un viaje impuesto para convertirse en el sitio donde, después de tantos años, Asher y yo empezamos a decirnos verdades que llevábam