70.
ASHER
El almuerzo termina mucho mejor de lo que imaginaba.
Después de tantas conversaciones difíciles, discusiones y silencios incómodos, compartir una comida tranquila con Megan se siente como un pequeño regalo. Incluso nos reímos un par de veces mientras ella insistía en burlarse de mis dotes culinarias, asegurando que todavía necesitaba varias clases antes de convertirme en un buen cocinero.
No me molestó.
Al contrario.
Hacía años que no la veía sonreír con tanta naturalidad.
Y descubrir que