27.
ASHER
No sé cuánto tiempo pasa después de terminar la carta.
Quizás minutos.
Quizás horas.
La luz que entra por la ventana cambia lentamente de color, volviéndose más tenue, más anaranjada, más triste, pero yo sigo sentado en el mismo lugar.
Con la carta entre las manos.
Con el corazón completamente destrozado.
Con la sensación de que acabo de abrir una herida que nunca cicatrizó.
Por primera vez en años dejo de intentar contenerlo.
Dejo de fingir.
Dejo de actuar como si estuviera bien.
Y simpl