17.
ASHER
Llegar a la casa de mi madre se siente como entrar en un mausoleo.
No porque esté vacía.
No porque falten muebles.
Ni siquiera porque el silencio que la envuelve resulte incómodo.
Se siente así porque cada rincón parece contener una ausencia.
La suya.
Cruzo la puerta principal sosteniendo la urna con sus cenizas entre mis manos y por un instante me quedo inmóvil en el recibidor. Nunca imaginé regresar aquí en estas circunstancias. Nunca imaginé que la siguiente vez que atravesara esta en