Alos me tiro tan fuerte del brazo que golpeó mi cuerpo contra la pared sin decir nada con la yema de sus dedos tocó mi pezón, me estremecí.
—Ñiña mala no llevas sujetador.
Mis pezones se pusieron duros, me palpitaba y no precisamente el corazón, se acercó un poco a la altura de mi oído, —Me extrañaste—Con su mano recorrió mi muslo derecho, mientras mordía el glóbulo de mi oído, fue inevitable solté un gemido.
—Eso me lo dice todo, yo también te extrañe—Siguió subiendo su mano hasta llegar a mi