Montaña rusa

Alos me tiro tan fuerte del brazo que golpeó mi cuerpo contra la pared sin decir nada con la yema de sus dedos tocó mi pezón, me estremecí.

—Ñiña mala no llevas sujetador.

Mis pezones se pusieron duros, me palpitaba y no precisamente el corazón, se acercó un poco a la altura de mi oído, —Me extrañaste—Con su mano recorrió mi muslo derecho, mientras mordía el glóbulo de mi oído, fue inevitable solté un gemido.

—Eso me lo dice todo, yo también te extrañe—Siguió subiendo su mano hasta llegar a mi zona íntima—.Puedo sentir tu humedad incluso por encima de tus bragas.

Maldita sea mi cuerpo lo deseaba, quería que continuará, que me tocará, quería sentirlo, pero otra parte de mi no quería caer tan fácil es como la canción que dice “La consciencia me dice que no la debo querer y el corazón me dicta que si debo”.

Alos, beso mi cuello, jadeó el contacto de sus labios en mi piel me hace estallar, meto mis manos entre sus cabellos presionando su cabeza más hacía mí, empieza a dejar besos húmedo
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