Cuando llegamos a su casa Alos siguió con los pequeños gestos de dolor, aunque él quería aparentar que todo estaba bien sabía que algo andaba mal.
Su madre estaba en la cocina, llevaba una cola de caballo alta, y un vestido azul claro nos regalo una gran sonrisa al vernos
—Hola chicos, ¿Cómo estás Miroslav?.
—Bien señora y usted.
—No me digas señora me haces sentir vieja dime Anabella o suegra.
Sonreí—Entendido suegra
—¿En dónde está papá?—pregunto Alos
—Esta jugando tenis con Ender.
—Que p