Alos me sentó en un banquillo de hierro.
—¿Aún te duele?—me pregunta en un tono suave.
—No se qué pasó pero el dolor a desaparecido— moví el tobillo adelante y atrás.
La puerta se abrió y Andros pasó no voltio a mirar a Alos solo me miraba a mí.
Se agachó y tomo mi tobillo sabía lo que
quería hacer pero no era necesario.
—¡No!,guarda eso para alguien que de verdad lo necesite ya se me curo.
Me puse de pie.
Andros miro a Alos.
Este se encogió de hombros.
—Se te curo sólo, ese es un poder de u