Capítulo 40. El hombre perfecto.
Richard se giró al escuchar los suaves pasos acercarse, sirvió una taza de café y volteó cuando estos se detuvieron.
—Buenos días —saludó, viendo a Brooke en el umbral de la puerta, quieto como una estatua.
—Buenos días —respondió él, sin moverse.
Brooke no sabía qué era lo que le impedía acercarse a Richard, cuando era lo que más quería; sin embargo, temía haber sobrepasado el límite la noche anterior.
Richard se acercó a él cuando notó su vacilación, se atrevió a dar un paso y le besó los lab