Capítulo 80: reconciliación.
Al llegar a la casa, dos señores de aspecto gruñón me recibieron en la entrada, con gestos serios y ceños fruncidos. Sus miradas escrutadoras me hicieron sentir momentáneamente incómodo, pero sabía que era necesario mantenerme firme y seguro.
Me guiaron hacia el jardín trasero, donde encontré a Mons sentada en una banca, rodeada de flores y árboles frondosos. El viento suave mecía las ramas y susurraba al oído, como si el universo mismo quisiera hacerle compañía.
Mons sostenía un cuento infanti