Bartolomé manejaba de una forma muy acelerada. A pesar de eso, sabía que no chocaría. Sin embargo, su corazón latía a mil por hora. Estaba muy nervioso. Sabía perfectamente todo lo que iba a decirle a Filomeno. Pero a su vez, tenía miedo que los nervios le jugaran una mala pasada y terminara cometiendo errores imperdonables.
Luego de estar unos minutos manejando, llegó al lugar. Estacionó su Chrysler 65. Vio a Filomeno y no pudo evitar recordar aquel momento donde se apuntaron mutua