Bartolomé se encontraba en la Pulpería Hernández, en una de las reuniones habituales. Nada hubiese sido diferente a las otras veces, pero si había algo que diferenciaba la situación: ahora sabía quién era Enrique Octavo. Antes, era una simple persona que trabajaba en el lugar y que saludaba cuando entraba al resto. Ahora, es Lucian Heinrich, el hermano de aquel hombre que asesinó y cuyo recuerdo del momento le daba escalofríos.
-¡Esto es realmente deprimente! –gritaba uno de los mil