Bartolomé se encontraba en un bar hablando con Rodríguez. Ambos estaban bebiendo un café.
-Así que dígame, Sr. Craviotto. ¿El subteniente lo espera en la Pulpería Hernández a las siete de la tarde?
-Así es.
-¿Y le dijo que fuera solo?
-Cierto.
-Interesante –concluía Rodríguez mientras suspiraba.
El ambiente no era para nada tenso, pero Rodríguez igual se preocupaba. Lo ideal hubiese sido que pudiera ser acompañado por Artur