Flor Pérez
Todos regresamos a casa luego de aquella velada, mis pequeños se habían quedado al cuidado de una nana. Sin dar muchas explicaciones, una vez llegando, me dirijo a la habitación donde mis hijos dormían.
Ya dentro de aquella habitación blanca llena de peluches y juguetes, estaban mis pequeños, durmiendo plácidamente. Ellos no podían imaginar el tremendo remolino de emociones que llevaba dentro y que intentaba disipar con solo verlos.
Aquel hombre sin corazón intenta obligarme a volver