Flor Pérez
- ¡Gracias, Blanca! Creo que tenías razón… -digo al salir del consultorio.
- Tere, tú sabes que te aprecio y te veo como una hermana, es obvio que me preocupas. Siempre voy a estar cuando me necesites y te voy a tener que jalar las orejas cuando sea necesario. -dice con toda la calma posible.
- ¡Blanca!
- ¿Qué? ¡Es la verdad! Ahora vamos a casa, que Matías debe estarse volviendo loco con los niños.
- No lo creo, ¡Adora a los niños…!
- Sé que fue tu primera sesión, pero, ¿Te ayud