El triunfo de unos, la caída de otros.
La tensión era evidente entre los presentes en aquella sala, dónde se llevaría acabo la lectura del testamento de la difunta abuela Mo, se miraban uno a los otros; sin saber que esperar de aquel encuentro.
— ¿Cuánto más vamos a tener que esperar que llegue ese niñita? — pregunto Armando desesperado, clavando su mirada con desagrado en Luis Alberto. Desde que su madre había cambiado de abogado había perdido importante acceso a la información.
— El tiempo que sea necesario — respondió Luis Albert