Epílogo. Dos años después.
El jardín de la Hacienda Malvorich brillaba bajo el crepúsculo dorado, cada detalle impregnado de la firma excéntrica de Edgar Malvorich. Mónic observó su reflejo en el espejo art déco de la suite nupcial, ajustando el collar de diamantes negros que su padre había creado exclusivamente para ella: una mariposa cuyas alas esculpidas en platino albergaban zafiros tallados como lágrimas.
— Tu padre quiere verte — anunció Clarisa, su madre, entrando con un vestido de seda color champán que contrast