Causa y efecto.
Las manos le sudaban, su corazón latía acelerado, su mente estaba hecha un embrollo y todo empeoraba al sentir la mirada acusatoria de Dominick clavada sobre ella.
¿Quien iba a pensar que confesar tus pecados era mucho más difícil que cometerlos?, sabía que en el momento en que abriera la boca se firmaría un abismo descomunal entre Dominick y ella; sabía que no siquiera la amistad sería rescatable entre ellos.
— Litzy si quieres discutir por mi decisión de enviarte a casa de mis padres...
— ¡No