Alma Méndez...
Me desperté con un dolor punzante en la cabeza y la sensación de que mi estómago quería rebelarse desde hacía días. Cada vez que abría los ojos, el dolor se intensificaba, y me costaba distinguir si era por la luz que se filtraba por las cortinas o por el malestar que me invadía. Cuando finalmente logré levantarme, noté que Marko ya no estaba a mi lado en la cama. Me sentí un poco desorientada, pero decidí bajar a desayunar sola.
Al llegar a la cocina, me di cuenta de que no est